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1. Elegí bien según el material (y cuidalo en consecuencia)
No todos los muebles reaccionan igual al sol, la lluvia o la humedad:

  • Madera: es la más delicada. Necesita protección con barnices, lasures o aceites específicos para exterior.
  • Metal: puede oxidarse si no tiene tratamiento anticorrosivo. Conviene revisarlo y retocar pintura si hace falta.
  • Plástico o resina: son los más fáciles de mantener, pero el sol los puede decolorar o volver frágiles.
  • Ratán sintético: resistente, pero igual agradece limpieza y protección.

2. Protegelos del clima extremo
El sol fuerte, la lluvia constante y el frío intenso acortan la vida útil. Lo ideal:

  • Usar fundas impermeables
  • Guardarlos bajo techo cuando no se usan
  • Evitar que queden directamente sobre pasto húmedo o tierra

3. Limpieza regular (sin volverte loco)
No hace falta algo complejo:

  • Agua tibia + jabón neutro suele ser suficiente
  • Evitá productos abrasivos que dañen superficies
  • Secalos bien para prevenir manchas o humedad acumulada

4. Mantenimiento periódico
Acá está la diferencia entre muebles que duran 2 años y los que duran 10:

  • Madera: aplicar aceite o protector 1–2 veces al año
  • Metal: revisar óxido y repintar si aparece
  • Tornillos y uniones: ajustarlos cada tanto

5. Cuidá los textiles
Almohadones y telas sufren mucho el exterior:

  • Elegí telas impermeables o para exterior
  • Guardalos cuando llueve
  • Lavarlos según indicación para evitar hongos

6. Ubicación estratégica
Si podés, ponelos en un lugar semi cubierto. Un simple techo, pérgola o sombra hace una diferencia enorme.

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